CAIMITO. MI PUEBLO EN CUBA
Gottschalk. Su paso por Caimito

El musico norteamerica en Caimito.

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Gottschalk en la campiña caimitense .

 

Autora: Caridad Massón Sena.

En 1862, el pianista y compositor norteamericano Luis Moreau Gottschalk estuvo viviendo una temporada en una finca en Caimito, cercana a la Sierra de Anafe.

    Nacido en Nueva Orleans en 1829, hijo de un judío inglés y una francesa, desde muy joven  aprendió música y especialmente se dedicó a tocar el piano. Gottschalk viajó por numerosos países de Europa y América y en todos ellos dejó una huella indeleble por su virtuosismo como ejecutante  y la forma espectacular en que dirigía sus conciertos. Fue uno de los primeros compositores americanos  que utilizó  ritmos e instrumentos musicales africanos e indígenas mezclados  con su propia tradición musical. En Cuba Gottschalk pasó una temporada durante la cual  compuso piezas que combinaban sus aportes al piano con el ritmo de los tambores.

      En 1862  se encontraba convaleciente de una grave dolencia y fue invitado por un amigo a pasar una temporada en el campo. En carta fechada el  25 de Junio,  cuenta con agrado  aquella  estancia en Caimito:

 (...) Acababa de estar enfermo de gravedad; títulos necrológicos; según decían, había yo sucumbido a una fiebre maligna, mis dos médicos me prescribieron el más absoluto reposo, fui a pasar la convalescencia en la jurisdicción de Guanajay, cerca  de la Sierra de Anafe . Erase una vasta llanura en cuyo centro elevábase un edificio de madera, de forma cuadrada, compuesta tan sólo de un piso bajo, como casi todas las casas cubanas. Uno de mis amigos que se proponía establecer un ingenio en aquel sitio, puso a mi disposición la casa del amo, (habitación del sueño) única construida entonces. Todo ingenio se compone invariablemente de las mismas dependencias, que por razones de higiene de conveniencia son de idénticas condiciones: la casa del amo, que ocupa el centro y está aislada del resto de la finca, la casa de mayoral (la del capataz o encargado), la casa de molienda, en que se halla el molino de vapor que estruja la caña y comunica con la casa de calderas: luego sigue el hospital, el corral en que recoge los animales domésticos y, finalmente a alguna distancia las casuchas de la negrada (cabañas para la gente de color) en donde el mayoral encierra cada noche los esclavos bajo llave, después de pasarle listas y de hacerle recitar en alta voz el Pater noster y el Ave María. Nada de esto existía aún en casa de mi amigo; no había sino una sola casa a la cual se llegaba por una inmensa avenida de palmeras, una guardería, doce escalones, encontrándose uno en una galería exterior, especie de verandah india, que es a la casa cubana, lo que el cuarto del portero es nuestra organización social. Desde la galería  domínase el país; es un observatorio: vénse llegar las visitas, síguese de lejos el trabajo de los negros, se pasa la vida en la hamaca o en la butaca, ahí se fuma, se duerme, se toma el café y sobre todo se respira el aire de la sabana. No tenía vecinos, un verdadero desierto a una legua en derredor: las primeras cabañas del Caimito se encontraban a una hora de camino; todo el contorno, hasta lo más lejos que la vista podía alcanzar no tenía más que llanuras, campos de cañas y al horizante la montaña de Anafe ..."[1].

Siete años después el autor de “La última esperanza”, “El arpa eolica” y  “El poeta moribundo” expiraba en Río de Janeiro. Seguramente no había olvidado el paisaje campestre de nuestro Caimito.

 



[1] Ireneo Díaz. Caimito del Guayabal 1923-28. Imprenta la Propagandista.La Habana,1931.

 


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